Érase una vez un rey muy valiente y que gobernaba su reino
con justicia. Este rey se veía muy protegido por su gran amigo el mago, en el
que confiaba y le contaba todas las cosas que le pasaban. Pero si algún problema
tenía este rey, era que estaba profundamente enamorado de una princesa del
reino vecino. Pero este reino se encontraba protegido por un gran gigante el
cual quería a la princesa para él.
Pasado un tiempo el rey cayó en una profunda tristeza,
porque veía que su sueño de casarse con la bella princesa no llegaba, ya que el
gigante protegía su reino con uñas y garras. El mago cansado de ver a su rey
tan triste le propuso un plan. El plan era el siguiente: el mago como buen mago
que era, se enteró de que al gigante le encantaban las manzanas verdes y le
propuso al rey cultivar la manzana verde más grande que existiera en todos los
reinos cercanos, para una vez cultivada le echarían a la manzana una pócima que
haría que el gigante caería envenenado. Para esto el rey tendría que llevársela
al gigante como ofrenda. El rey le dijo al mago que cuando el gigante lo viese,
no aceptaría la manzana y de nuevo lucharían y lucharían como tantas veces sin
hacerle caso a la manzana. El mago le dijo: señor rey, espere, espere usted tendrá
que ir vestido de campesino para que el gigante no lo reconozca y de esta forma
el gigante se coma la manzana y muera envenenado, pudiendo de esta forma
conseguir llegar a la princesa y casarse con ella.
El rey convencido del plan que el mago había hecho, mandó a
cultivar la manzana y la pócima. Una vez que habían conseguido la manzana envenenada
marchó con paso firme para el reino vecino donde se encontraba el gran gigante
y la bella princesa.
Una vez que llegó al reino vecino tocó a la gran puerta y
nadie contestaba. Pero el rey insistió y volvió a tocar y ahora sí, le abrió el
gigante con cara de sueño, pues se acababa de levantar de la siesta. El gigante
preguntó: ¿ qué quieres campesino?, me acabas de levantar de la siesta. El rey,
disfrazado de campesino le contestó y le dijo: traigo para ti señor gigante,
esta gran manzana como ofrenda por ser tan valiente. El gigante se quedó pensativo
y dijo tras unos segundo de silencio: vale me la comeré, por haberla traído
para mí, aunque sea tan grande.
El gigante empezó a comérsela y cuando terminó, cayó al
suelo desplomado. El rey grito y se puso contentísimo, pues había acabado con
el gran gigante. Sin perder un segundo, el valiente rey fue a por la reina, y
se marcharon los dos muy felices a su reino, donde junto con el mago, vivieron
felices y contentos por siempre jamás.
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